La Mentalidad

12 01 2007

 

Cuando usted comience a pensar y a hacerse rico, observará que la riqueza empieza a

partir de un estado mental, con un propósito definido, con poco trabajo duro, o sin ninguno.

8f2259c393281fdd773deb3cf46f6eaa.jpgUsted, o cualquier otra persona, de estar interesado en saber cómo adquirir ese estado mental que atraerá la riqueza. He pasado veinticinco años investigando porque también yo quería saber «cómo los ricos llegan a ser ricos».
Observe con mucha atención, tan pronto como domine los principios de esta manera de
pensar, y empiece a seguir las instrucciones para aplicar esos principios, que su nivel
económico empezará a crecer, y que todo lo que usted toque comenzará a transmutarse en
haberes de su propio beneficio. ¿Imposible? ¡De ninguna manera!
Una de las mayores debilidades de la especie humana es la típica familiaridad del
hombre con la palabra «imposible». Él conoce todas las reglas que no darán resultado. Sabe
todas las cosas que no se pueden hacer. Este libro se escribió para quienes buscan las reglas
que han hecho de otros personas de provecho, y están dispuestos a jugárselo todo con esas
reglas.
El fracaso asola a aquellos que se resignan a él con indiferencia.
El objeto de este libro es ayudar a todo el que quiera aprender el arte de cambiar de
enfoque: del fracaso al éxito.
Otra debilidad que se encuentra en conjunto en demasiadas personas es el hábito de
medirlo todo, y a todos, por sus propias impresiones y creencias.
Quienes lean esto creerán que jamás podrán pensar y hacerse ricos, porque sus hábitos
de pensamiento se han empantanado en la pobreza, el deseo, la miseria, los errores y el
fracaso.
Estas personas desafortunadas me recuerdan a un chino distinguido, que fue a Estados
Unidos a recibir una educación americana. Acudía a la Universidad de Chicago. Un día, el
presidente Harper se encontró con ese joven oriental en el campus, se detuvo a charlar con él
unos minutos, y le preguntó qué le había impresionado como la característica más notable del pueblo estadounidense.
-Bueno -replicó el estudiante-, la extraña forma de sus ojos. ¡Tienen unos ojos
rarísimos! ¿Qué decimos nosotros de los chinos?
Nos negamos a creer lo que no entendemos. Pensamos tontamente que nuestras propias
limitaciones son el patrón adecuado de las limitaciones. Por supuesto, los ojos de los demás
«son rarísimos», porque no son iguales a los nuestros. AUTOR :NAPOLION HILLS


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6 03 2007

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